Del matrimonio, Cristo y legaloidad

Hablar sobre el matrimonio no es algo sencillo.  Implica hablar sobre quién va a pasar contigo toda tu vida y el proyecto que se tiene de vida, a final de cuentas. El estado y en general las normas sociales, aunque no parezca, tienen peso en esta decisión, independientemente de tu ideal de “príncipe/princesa” azul. Por ejemplo, en sociedades asiáticas, los matrimonios arreglados desde la infancia no son cosas del otro mundo, y durante mucho tiempo fueron  la norma que constituía la sociedad.

En el distrito federal, se acaba de hacer un giro de tuerca en lo que por mucho tiempo se consideró (de manera legal por lo menos), lo que era un matrimonio.  La definición de matrimonio  cambió radicalmente. Ya no hablamos de un hombre y una mujer: ahora estamos considerando únicamente a dos personas que deseen unirse por los derechos y obligaciones del matrimonio civil. Acaban de aceptar los matrimonios constituidos por dos personas del mismo sexo. Ahora en el Distrito Federal, hombres y hombres, mujeres y mujeres, y hombres y mujeres pueden unirse en matrimonio civil. Sobra decir que las reacciones negativas levantaron una ola de injurias por toda la república.  En estados ultraderechistas y conservadores, se planea no reconocer el matrimonio expedido en el DF de manera selectiva (oséase, si es un homosexual, no es válido, pero si es heterosexual, es válido). Las acusaciones más duras y más agresivas, sin lugar a duda, provienen del nido de la sociedad conservadora por excelencia en México: la iglesia católica apostólica y romana.

El cardenal Norberto Rivera, haciendo uso de su libertad de expresión, tachó de “legaloides” las uniones, de ser aberrantes y de desvirtuar lo sagrado del matrimonio. Primero tengo que recordar que el matrimonio civil, por mucho que se estime, no es nada sagrado.  De hecho en las bodas religiosas actuales, se hace hincapié que  una cosa es un matrimonio civil y otra cosa es una boda, y que es primordial primero estar bien con dios, para no estar en pecado. El matrimonio civil es un contrato que, aunque tenga repercusiones importantes, de sagrado no tiene nada, pues el estado mexicano, hasta donde yo sé, es laico. Lo problemático de las acusaciones y protestas de Norberto como cardenal, es que son ataques directos a las decisiones del gobierno, y eso es, bajo cualquier lupa, es la interferencia de la iglesia al estado.

Al respecto de la interferencia de la iglesia con el estado, quisiera recordar las palabras de Jesucristo cuando le preguntaron sobre las monedas acuñadas con el rostro del César: “al César lo que es del César, y a Dios lo que es de Dios”. Es curioso como una de las más importantes figuras de la tradición Cristiana y del catolicismo (si no es que la más importante), es muy claro sobre la separación de la iglesia y el estado, y sin embargo, los directores del culto  van en contra de esa tendencia.

Hoy mismo está en  discusión sobre si las parejas homosexuales tienen el derecho de adoptar niños. Pero eso, es harina para otro post.

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