De la masacre de Tlatelolco y el no se olvida…

Díaz Ordaz era presidente. El presidencialismo PRIista estaba en su apogeo y con ello, una perfecta capacidad para reprimir al pueblo. Eso sí, el pueblo estaba en relativa paz, la paz de los sepulcros, pero paz al fin y al cabo.

Prácticamente todo mexicano que haya completado la secundaria sabe la historia. A mediados de los  ’60 hubieron varios movimientos que terminaron en crudas represiones. El ambiente en el país estaba tenso y con un gobierno autoritario y con garrote en mano y deseoso de usarlo, faltaba poco para que hubiera un fuerte movimiento social. Este comenzó con una gresca estudiantil de 2 escuelas vocacionales (algo así como unas prepas) en donde los granaderos irrumpieron de forma totalmente fortuita. Los estudiantes se organizaron y rápidamente formaron un movimiento que estaba haciendo marchas y protestas contra el gobierno. El ejecutivo presidencialista de ese entonces, con una total falta de tino político, decidió que la mejor manera de evitar cualquier insurrección era parar al movimiento en seco. Eso quiere decir, matar a quien sea necesario para callarlos de esa manera.

Tengo 27 años. Es el a año 2011. 1968 fue hace  43 años. Cuarenta y tres años que el gobierno decidió que la mejor manera de mostrar que ellos mantenían las riendas era asesinando a muchachos mucho más jóvenes de lo que yo soy ahora en un mitin relámpago en Tlatelolco. El número real de muertos es desconocido. Se hablan de decenas en los  medios oficiales. Quienes hablan de números más realistas hablan de cientos. 1968 y  la plaza de las 3 culturas, hizo un parte aguas en la historia de México.  Generó el inicio de la guerrilla urbana, un descontento social nunca antes visto a nivel metropolitano hacia el gobierno. 1968 rompió a la nación en más de una forma. Deshizo a una generación completa y la marcó lo suficiente como para ser una de las primeras piedras que derrumbaran el dominio del PRI-gobierno.

A casi medio siglo de este desgarrador evento, creo que las “generaciones actuales” (muchachos de 10-30 años) no tienen ninguna idea de lo que este movimiento representó.  Para personas como yo, sólo queda la idea de una mala movida por parte del gobierno. Hay que considerar esto: yendo únicamente a  números duros, esas  mil  muertes –exagerando el número- resultan nada a comparación de un mes en este sexenio. Entiendo que unos son ejecuciones perpetradas por un grupo criminal mientras que el otro fue un golpe a la libertad de expresión por parte de nuestro propio gobierno; y que actualmente son 30 muertes diarias a comparación de cientos en un solo día. Gran diferencia. Pero para muchachos que no vivieron ni conocieron la dictadura presidencialista, el 2 de octubre sólo representa una efeméride más que uno tiene que investigar cuando el calendario se acerca a día de muertos.

El resentimiento y las frustraciones que devinieron de ese evento tristemente se han olvidado, tal vez ante la abrumadora carga de los problemas del presente. ¿2 de octubre no se olvida? Por supuesto que no. Pero ahora a todo mundo le vale.

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