De lo que es un juego

Posiblemente una de las categorías o definiciones más complicadas de dar es la de juego. Un juego es algo tan variable y tan indiferenciado, que muchas veces las teorías del significado tienen como prueba final intentar definir lo que es un juego. Si una teoría del significado sirve para definir lo que es un juego, el resto de las cosas deben de ser un juego de niños. Por juego se da a entender en esta ocasión en una actividad como  el Jenga, póker, soccer, canicas, “las traes”, etc.

Dice el diccionario de la Real Academia de la lengua que un juego es:

“Ejercicio recreativo sometido a reglas, y en el cual se gana o se pierde.”

Esta definición, aunque bastante rudimentaria y atractiva, sirve para poco menos que nada si queremos ir a las profundidades de lo que es un juego. Si esta definición fuera a tomarse como cierta, entonces, los juegos que no tienen propiamente reglas no son juegos. Por ejemplo, la casita y jugar con la comida dejan de ser juegos, porque no tienen reglas. Juegos donde no hay un ganador, dejan de ser juegos, porque esta  definición permite únicamente que algo sea considerado como juego una actividad que busque ganadores. Nada más alejado de la realidad. Jugar a los detectives, jugar al bombero, u otros juegos de rol no buscan ni ganar ni perder. Incluso juegos de tinte erótico deberían de alejarse de la visión clásica de lo que es un juego.

Creo que el juego no es algo que se debiera ver con  lupas de ganar o perder. Para poder definir algo como juego, hay que observar universales. Cosas que sea cual sea el tipo de juego, podamos observar. Cosas que aunque estén vagamente definidas, se presenten en todos y cada uno de los juegos.

Por principio de cuentas, un juego es una actividad que está pensada para divertir o entretener. Repito: pensada. Antes de escuchar quejas de que los juegos NO son divertidos, la intención al hacer el juego es divertir, sea cual sea la recepción del público.

El segundo punto, y más importante de todos, es que esta actividad que entretiene, está pensada para que tenga variaciones. Tiene que haber decisiones (por muy limitadas que sean) y posibilidad de cambio. Tomemos por ejemplo el caso de piedra papel o tijeras. Aunque limitadas las posibilidades de juego, la decisión de lo que los jugadores decidan hacer cambiará el resultado del juego y la experiencia cambiará también. En juegos como futbol soccer, Dominó, ajedrez o “las traes”, decidir a quién atacar primero, cuándo jugar una ficha o una carta, por donde ir caminando o cómo hacer una estrategia, cambian cada experiencia de juego. Cada juego es diferente por factores como elección, azar y estilo de juego cambian la experiencia.

Tomando en cuenta esta definición, vemos a algunos deportes como juegos debido una naturaleza dual. Soccer y futbol Americano son cosas que vemos tanto como deportes como juego, a diferencia del ciclismo, que rara vez observamos como un juego. La visión dual de los deportes aparece debido a que tanto soccer como futbol americano fueron ideados como algo para entretener y tanto en uno como en otro la decisión (a quien pasar, qué jugada hacer, cuánto correr) juegan un factor importante. Este cambio de experiencias nos permite explicar el porqué  aunque vemos al futbol como un juego, la caminata, el ciclismo y la natación no son propiamente juegos.

Hay que hacer una aclaración. Dentro de cualquier deporte, hay estrategias y se toman decisiones. Incluso en deportes que aparentemente no requieren ninguna decisión (levantamiento de pesas o correr 100m planos),  tienen decisiones menores. Estas decisiones afectan principalmente el cómo llevar la acción mecánica, pero en el plano más amplio del juego, realmente no hay decisiones.

Los juegos pues, por medio del ocio, nos permiten explorar nuestra capacidad de decidir y actuar en un ambiente (razonable y principalmente) seguro. Este explorar nuestra capacidad de actuar es posiblemente la característica más benéfica e importante de un juego. Más allá de la interacción y capacidad de socializar, el juego nos permite identificar nuestra propia personalidad y personalidad de forma prácticamente inconsciente. Por medio del juego sabemos si somos agresivos en nuestro actuar si queremos ser quien “las trae”; nos reconocemos como pasivos, al pedir jugar con negras en ajedrez; preferimos observar a actuar, si estamos jugando póker; buscamos castigar a los demás y ahorramos, si guardamos castigos en “uno”. Rechazamos bagatelas inútiles o compramos compulsivamente, si jugamos turista.  Por medio del juego, conocemos nuestro estilo de actuar, nuestra personalidad y al mismo tiempo aprendemos a manejar sistemas, a lidiar con la frustración y además refinamos nuestro sistema de pensar.

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